En la historia política de Antioquia, pocas veces se ha visto una convergencia tan natural entre la capacidad técnica y la profundidad espiritual como en la figura de Santiago Montoya. El reciente respaldo masivo de más de 50 pastores y líderes eclesiales no fue un evento protocolario; fue el reconocimiento a un hombre que ha decidido que su carrera pública sea una ofrenda de servicio al Creador. Santiago Montoya llega al escenario del Senado 2026 no con la arrogancia del político que lo sabe todo, sino con la humildad del servidor que entiende que "si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican".
Lo que realmente diferencia a Santiago Montoya es lo que sucede detrás de cámaras, en sus costumbres privadas que luego se reflejan en su gestión pública. Mientras el mundo político se mueve por conveniencias, Montoya se mueve por convicciones. Sus principios han sido forjados en la lectura de la Palabra y en la oración constante, una práctica que mantuvo viva incluso en los días más exigentes de su alcaldía en Sabaneta. Los líderes cristianos de las subregiones de Urabá, Bajo Cauca y el Oriente Antioqueño han exaltado su "Corazón y Palabra", una frase que para Santiago es un mandato bíblico: que su sí sea sí, y su no sea no. Durante su administración, Santiago demostró que priorizar a Dios significa administrar con transparencia absoluta. Su éxito como el Mejor Alcalde de Colombia es, en sus propias palabras, un testimonio de la bendición de Dios sobre un gobierno que se atrevió a poner los valores por encima de la burocracia. Al llevar esta esencia al Senado, Montoya no busca gloria personal; busca que las leyes de Colombia reflejen la justicia, el orden y la protección de los más vulnerables, entendiendo que el gobernante es un administrador que un día deberá rendir cuentas ante el Juez Justo.
Santiago Montoya propone un Senado donde la sabiduría técnica se encuentre con la guía espiritual. Él entiende que los grandes problemas de Colombia —la corrupción, la inseguridad y la desintegración familiar— no se resuelven solo con presupuestos, sino con una restauración moral. Su compromiso con el sector interreligioso es blindar la libertad de culto para que la luz de las iglesias siga llegando a donde el Estado no alcanza. Santiago es el líder que no negocia su fe por un voto, porque sabe que su mayor respaldo no viene de las maquinarias, sino de aquel que pone y quita reyes.
Encender el fuego del Espíritu Santo en cada joven colombiano, levantando una generación que busque a Dios con todo su corazón y transforme la nación a través del poder sobrenatural del evangelio.
Ver a Colombia completamente transformada por un avivamiento juvenil sin precedentes, donde cada ciudad experimente la gloria de Dios y cada joven sea un portador del fuego celestial.
Pasión ardiente por la presencia de Dios, santidad radical sin compromisos, oración que mueve montañas, adoración que toca el cielo, y servicio sobrenatural que transforma vidas.
Director Nacional
Coordinadora de Intercesión
Líder de Adoración
Directora de Misiones